Hoy nos hemos dado un voltio por la ciudad, aprovechando el buen tiempo. El termómetro marcaba 6 grados. Sobre cero, claro. Si no, a buenas horas pondría yo mis pies por fuera. Hacía un poco de viento, pero a estas alturas del año no se le pueden pedir peras al olmo. Bueno, en otras épocas del año tampoco, porque básicamente el olmo no da peras; el olmo da… ¿qué es lo que da el olmo? Bueno, después lo miro por internez.
Tenía ganas de hacer unas fotos. Son las imágenes que hoy NO se pueden ver aquí, porque no tengo el cable para conectar la cámara y el ordenata. Mañana, hombre, mañana; un poco de paciencia. Habitualmente no hago tantas, pero ahora que tengo un blog, me dije: hay que llenar el almacén para el invierno. Total: haría unas cuarenta. Ahora toca seleccionarlas y poner aquí las mejores…. Bueno, las buenas…. Bueno, está bien, las que no den demasiado asco. La fotografía nunca ha sido mi fuerte. Leer el resto de la entrada »
Hoy toca viajar. Nos vamos a Eger, de donde es mi mujer, a pasar unos días con la familia política. La foto que pongo ahora es temporal: en Budapest pondré otra más personalizada y/o personal. Acabo de encontrar una foto que hice yo de un templo de Eger. Es la que va ahí al lado. Una bonita iglesia greco-católica.
Tras un periplo de dos horas en autobús, (busz, en húngaro) bien acompañados de nieve a ambos lados de la carretera, llegamos a nuestro destino. A mí estos viajes en busz siempre me dan bastante yuyu: esperar en la cola para entrar en el vehículo supone una lucha constante para que no te cojan el sitio o se te cuelen. En esto mi suegra es una experta: ya puede llegar a última hora, que las más de la veces se las apaña para irse adentrando en la jungla humana para aparecer al poco en las primeras posiciones, cuando se abre la puerta. Los últimos serán los primeros – ya lo decía el Señor. Sí, Señor. Leer el resto de la entrada »
Esta semana ha llegado la nieve por Budapest. Empezaría el martes o el miércoles. Hasta entonces sólo hacía frío. Y después las puertas de los gélidos almacenes celestes se abrieron. Al principio un poquito, como entreabiertas. Más tarde, de par en par. La foto de al lado lo ilustra. Por cierto: una de las características de este blog será que las imágenes habitualmente se podrán ampliar pulsando en las mismas.
A Rita, mi mujer, le gusta mucho la nieve. Por eso casi lo primero que hizo al levantarse fue dejar su huella para la inmortalidad sobre el blanco manto en nuestro balcón. Una especie de “aquí estuve yo”, pero con los pies. Y se quedó toda contenta. Así, entre nosotros: los húngaros son un poco raros. Pero no se lo digas a nadie por aquí, porfa Leer el resto de la entrada »
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